La milenaria historia de los tatuajes


“Recordatorio permanente de una sensación temporal” 

“Recordatorio permanente de una sensación temporal” canta Jimmy Buffett sobre la consternación de unos padres por el tatuaje de su hija. Sin embargo, esas marcas indelebles del cuerpo son más que una tendencia abrazada por los marineros mercantes, motociclistas, artistas de la música, rockero y góticos, y amantes del negro básico. Los tatuajes surgen de una rica historia cultural que data de hace al menos 5.000 años. Hay quien dice que de mucho más…

¿Estas pensando en hacerte un tatuaje? ¿Cree que es un arte más o menos moderno? Nada más lejos de la realidad.

Decorar el cuerpo con el que viniste al mundo es un arte milenario que podría haber acompañado a la humanidad en los últimos 8000 años. De hecho, el propio Charles Darwin afirmaba lo siguiente:

“No se puede nombrar ni un solo gran país, desde las regiones polares del norte hasta Nueva Zelanda en el sur, en el que los aborígenes no se hicieran tatuajes”.

Varias momias encontradas en todo el mundo confirman las palabras del propio Darwin.

Ejemplo claro de esto es Otzi (3.300 a.C). la momia de los Alpes, que lucía a simple vista un tatuaje de carbón en la columna vertebral detrás de la rodilla y otro alrededor de los tobillos. Además, también se le podían ver 61 tatuajes en la muñeca izquierda, 2 en la zona lumbar de la espalda, 5 en la pierna derecha y otros 2 en la izquierda.

Se trata de pequeños grupos de tres o cuatro rayas paralelas que no forman un dibujo reconocible. Se ha especulado que estos tatuajes podrían haber sido realizados con una intención mágico-curativa (una especie de acupuntura).

Pero se podría decir que este tipo de simbología existe desde mucho antes en la historia del hombre.

Incluso con más allá que las primeras momias tatuadas, se han encontrado figuras de barro que representan a seres humanos aparentemente tatuados y herramientas posiblemente usadas para pintar la piel de forma permanente que datan de hace decenas de miles de años.

El propósito de los tatuajes han variado constantemente en la historia de la humanidad, dependiendo de la cultura, el lugar, o el tiempo.

Aunque es cierto que hay cosas en común que prevalecen desde los primeros tatuajes conocidos hechos por tribus milenarias, hasta aquellos que se hacen hoy en día universitarios en cualquier estudio de Madrid, Londres o New York. Y es la fuerte carga simbólica que representan estos dibujos artesanales en la piel, ya sea ligada a la tradición, a rituales o a expresiones artísticas.

En diferentes épocas, distintos lugares, y culturas totalmente opuestas. Todos han utilizado los tatuajes como símbolo de expresión o tradición.

Pero lo más habitual, era considerar los tatuajes como indicativo de pertenencia a un clan o sociedad. Incluso hoy en día grupos como los Ángeles del Infierno se tatúan su propio símbolo que los identifica. La TV y las películas han asociado las marcas de tinta en la piel a sociedades secretas fantásticas numerosas veces.

En la historia registrada, los primeros tatuajes se encuentran en Egipto, durante la época de la construcción de las grandes pirámides, aunque como ya hemos comentado, tenemos la certeza de que este movimiento comenzó mucho antes. Cuando los egipcios ampliaron su imperio, el arte del tatuaje también se extendió. Las civilizaciones de Creta, Grecia, Persia y Arabia recogieron y ampliaron la forma y expresión de este arte. Se especula con que alrededor del año 2000 a. C. el tatuaje llegó a China.

Los griegos usaban tatuajes para comunicarse entre espías. Las marcas identificaron a los espías y mostraban su rango.

Los romanos los utilizaban para marcar criminales y esclavos.

Los ainu, de Asia occidental, utilizaban este tipo de símbolos para mostrar su estatus social. Las niñas que llegaban a la mayoría de edad quedaban marcadas para anunciar su lugar en la sociedad, al igual que las mujeres casadas. Los ainu son conocidos por introducir tatuajes en Japón, donde se convirtió en un rito religioso y ceremonial.

Otro tipo de creencias, afirmaban, que los tatuajes alrededor de la muñeca y los dedos alejaban la enfermedad.

En Borneo, por ejemplo, las mujeres se tatuaban símbolos en el antebrazo indicando su habilidad particular. Si una mujer llevaba un símbolo que indicaba que era una tejedora hábil, su estatus como pareja para el matrimonio se multiplicaba. También era común que estas propias mujeres fuesen las tatuadoras. Era una tradición cultural. Con sus diseños además indicaban el estatus y la tribu a la que pertenecían.

Las mujeres de Kayan tenían delicados tatuajes en los brazos que parecían guantes de encaje. Los guerreros de Dayak que habían “demostrado su valentía” tenían tatuajes en las manos. Para este tipo de tribus, los tatuajes han sido en muchos momentos un signo de respeto, y fortalecían la condición social privilegiada de alguno de sus portadores.

Los polinesios desarrollaron tatuajes para marcar a las comunidades tribales, las familias y el rango. Trajeron su arte a Nueva Zelanda y desarrollaron un estilo facial de tatuaje llamado Moko, que todavía se sigue usando hoy en día.

Hay evidencia de que los mayas, incas y aztecas usaban tatuajes en los rituales. Incluso las tribus aisladas en Alaska practicaban tatuajes, su estilo indicando que fue aprendido de los Ainu.

En el oeste, los primeros británicos usaban tatuajes en ceremonias, mientras que daneses, nórdicos y sajones se tatuaban para distinguir linajes familiares con distinta escala social (una tradición que todavía se practica hoy en día).

Sin embargo, en el año 787 d. C., el Papa Adriano prohibió el tatuaje. Aún así este arte prosperó en Gran Bretaña hasta la invasión normanda de 1066. Los normandos despreciaban el tatuaje.

Y entonces llegó una época oscura para este arte…  desapareció de la cultura occidental entre los siglos XII y XVI.

Mientras que el tatuaje disminuyó en el oeste, prosperó en Japón. Al principio, los tatuajes se usaban para marcar criminales. Las primeras ofensas fueron marcadas con una línea a través de la frente. Un segundo crimen fue marcado por la adición de un arco. A la tercera ofensa, se añadía una líena, que hacía que juntas, estas marcas formasen el carácter japonés de “perro”. Parece que esta era la ley original de “Three strikes and you’re out“.

Con el tiempo, los japoneses escalaron el tatuaje a una forma de arte estético. A esto ayudó la instauración del tradicional traje japonés, “kimono“, que se empezó a utilizar alrededor del año 1700. Como sólo a la realeza se le permitía usar este tipo de ropa adornada, la clase media empezó a adornar su cuerpo con tatuajes muy elaborados que cubrían su cuerpo entero. Una persona altamente tatuada que llevaba sólo una tela de lomo era considerada bien vestida, aunque únicamente en la privacidad de su propia casa.

 

¿De donde viene la palabra tatuaje?

Los tatuajes no tienen un origen histórico común que conozcamos. Pero ¿cuál es el origen de la palabra “tattoo” y “tatuaje”?

La palabra tatuaje deriva de una palabra Polinesia usada en Tahití, TATAU, donde el capitán inglés James Cook desembarco en 1769 y encontró hombres y mujeres con el cuerpo totalmente pintado. Estos dibujos en la piel  se popularizaron rápidamente entre la tripulación del Capitán James, lo que provocó que poco a poco fuesen introduciéndose también en la alta sociedad inglesa victoriana. Fue entonces cuando se empezó a utilizar de forma común la palabra “tattoo” y la derivada en castellano “tatuaje”.

La palabra tatuaje viene del tahitiano “tatau” que significa “marcar algo”.

Lamentablemente, durante numerosos periodos de la historia los tatuajes no han estado bien considerados entre la sociedad“Y qué es, pensé, ¡después de todo! Es sólo su exterior, un hombre puede ser honesto bajo cualquier tipo de piel” frase escrita por Herman Melville, escritor y poeta norteamericano, en su novela “Moby Dick”, dónde se ejemplifica bien los prejuicios que han existido durante muchos años contra las personas que lucían este tipo de símbolos en su cuerpo.

A pesar de esta situación, muchas personas optaron por seguir haciéndose tatuajes, aunque en partes poco visibles de cara al público, para luego lucirlos en círculos más personales. Incluso se dice que la propia Reina Victoria tenía un tigre luchando contra una pitón. Atrevida afirmación en una época en donde estas figuras no estaban socialmente bien consideradas.

Aunque este fue el origen de la palabra, los tatuajes ya existían mucho antes del descubrimiento de los samoanos y maoríes del Pacífico Sur. Por ejemplo, los cruzados llevaban la Cruz de Jerusalén para que si morían en batalla poder recibir sepultura cristiana.

También hay una larga tradición de personas tatuadas en contra de su voluntad. Como ya hemos comentado,  los griegos y romanos (ejes culturales de épocas pasadas), marcaban con tatuajes a esclavos y mercenarios para desalentar fugas y deserciones.

Del mismo modo, también hablado, los criminales en Japón eran tatuados allá por el siglo VII.

Más infame que esto era la forma en que los nazis escribían números en el pecho y en los brazos de judíos y otros prisioneros en campos de concentración, como el de Auschwitz, para así poder identificar los cadáveres desnudos en un futuro.

Estos tatuajes forzados a reclusos, exclavos y marginados fueron cobrando en muchos casos otro significado con el paso del tiempo. Por ejemplo, hoy en día algunos descendientes de familiares que sobrevivieron al Holocausto tienen los números de sus parientes tatuados en alguna zona del cuerpo, como homenaje a su vigor y fortaleza durante aquella barbarie.

Por otro lado los prisioneros japoneses, lugar en dónde llevar tatuajes desde mediados del siglo XIX hasta después de la Segunda Guerra Mundial era un signo de proscrito, añadieron nuevos tatuajes encima de los que se les había hecho como encarcelados, creando un arte oriental muy identificativo y popular, con muchas referencias a la iconografía mítica espiritual japonesa.

Los Yakuza utilizaron estas figuras como signos de lealtad, valentía y coraje eterno, entre otras cosas por ser algo permanente y por el dolor que conlleva hacérselos. Este es uno de los motivos por los que en la actualidad los tatuajes siguen siendo un signo socialmente mal visto en la cultura japonesa, ya que se identifica con delincuentes mafias y convictos del pasado.

 

El siglo XX. La popularización de los tatuajes.

Lo que evitó que el tatuaje se extendiera durante gran parte de su historia, fue su procedimiento lento y minucioso. Cada punción de la piel se hacía a mano y con esto posteriormente se aplicaba la tinta.

Cómo curiosidad, la primera máquina de tatuajes moderna fue creada por Thomas Edison en 1876.

En 1891, Samuel O’ Riely patentó la primera máquina de tatuaje eléctrica. Estaba basada en la pluma eléctrica de Edison que perforaba papel con una aguja. El diseño básico con bobinas móviles, un tubo y una barra de aguja, son los componentes de la pistola de tatuaje actual. La máquina de tatuaje eléctrica facilitó radicalmente el acceso a los tatuajes, lo que hizo que dejase de ser algo exclusivo de las clases sociales más altas.

Sin embargo, a finales de este siglo, el tatuaje había perdido mucha credibilidad. Los tatuadores trabajaban en las secciones más sórdidas de la ciudad. Gente tatuada viajaba con circos y espectáculos de mala reputación.

La visión cultural del tatuaje fue tan pobre durante la mayor parte del siglo XX, que el tatuaje se escondió.

Pocos fueron aceptados en la sociedad secreta de artistas y no había escuelas para estudiar el oficio. No había revistas ni asociaciones. Los proveedores de tatuajes rara vez anunciaban sus productos.

A pesar de esto, en las calles de Nueva York, ciudad elegida como nicho de resistencia, siguió abriéndose paso este movimiento. A principios de siglo, en su puerto marítimo y en sus centros de entretenimiento sobretodo. Allí, se asentó una sociedad de mentalidad más abierta, más propicia a este arte, lo que a su vez atrajo a más gente con dinero y a trabajadores.

Samuel O’ Riely, orinalmente de Boston, se instaló allí. Tomó a un aprendiz llamado Charlie Wagner. Después de la muerte de O’ Reily en 1908, Wagner abrió un negocio de suministros con Lew Alberts. Alberts se había formado como diseñador de papel pintado y transfirió esas habilidades al diseño de tatuajes. Es conocido por rediseñar una gran parte del arte de los primeros tatuajes modernos.

Mientras que el tatuaje estaba disminuyendo en popularidad en el resto del país, en otro lugar, la plaza de Chatham del propio NY, floreció. Los artistas tatuaban a sus esposas con ejemplos de sus mejores diseños. Y ellas jugaban el papel de anuncios ambulantes mostrando el trabajo de sus esposos. Era la estrategia de marketing perfecta. En este tiempo, el tatuaje cosmético llegó a ser popular, rubor para las mejillas, los labios coloreados, y el delineador de ojos.

Entonces se produjo un acontecimiento crucial para el devenir de los tatuajes. Con la Primera Guerra Mundial, las imágenes del arte de tattoos cambiaron a las de la valentía y los iconos de la guerra. Los niños, y los no tan niños, querían ser como los héroes que luchaban por su país, querían tener también esos símbolos en su piel.

En la década de 1920, con la depresión, la plaza Chatham perdió su atractivo. El centro de arte del tatuaje se trasladó a Coney Island. A lo largo de todo el país, los tatuadores abrieron tiendas por las zonas donde había bases militares cercanas, especialmente si eran bases navales. Los tatuajes eran conocidos como marcadores de viaje. Podrías saber dónde había estado una persona por sus tatuajes. Por esto los marineros, nómadas por profesión, eran una oportunidad que los tatuadores no podían dejar escapar.

“Enséñame a alguien con un tatuaje y yo te enseñaré a alguien con un pasado interesante”, decía Jack London, escritor y periodista norteamericano. Perfectamente aplicable a este caso.

Después de la Segunda Guerra Mundial, la reputación de los tatuajes volvió a caer. Esto fue debido a la asociación con motoristas, tipo Marlon Brando (con papeles habitualmente transguesores en sus películas) y delincuentes juveniles. Todo ello hizo que el tatuaje tuviese de nuevo poco respeto en la cultura americana. Esta situación empeoró aun más en 1961, cuando se produjo un brote de hepatitis.

Aunque la mayoría de las tiendas de tatuajes tenían máquinas de esterilización, pocas las usaban. Los periódicos reportaban historias de intoxicaciones sanguíneas, hepatitis y otras enfermedades día tras día. La popularidad de los tatuajes cayó en picado.

La población en general marginó las salas de tatuajes y las condenó al ostracismo. Inicialmente, el gobierno de la ciudad de Nueva York dio a los tatuadores la oportunidad de formar una asociación y autorregularse. Pero estos son independientes por naturaleza, y no fueron capaces de organizarse.

Entró en vigor una nueva ley en donde los tatuajes incumplían el código de salud pública, y las tiendas de tatuajes en Times Square y Coney Island fueron cerradas. Durante un tiempo, fue difícil hacerse un tatuaje en Nueva York. Era ilegal y los tatuajes tenían una reputación terrible. Poca gente quería un tatuaje. Las mejores tiendas se mudaron a Filadelfia y Nueva Jersey, donde todavía era legal.

A finales de los años 60, la actitud hacia el tatuaje volvió a cambiar de nuevo. Se puede dar mucho crédito a Lyle Tuttle. Hombre atractivo, encantador, interesante y que sabía usar los medios de comunicación. Él tatuaba a celebridades, cantantes, artistas… particularmente mujeres. Entonces los medios, revistas y televisión volvieron a retomar el interés por este arte y pusieron el foco en Lyle para obtener información sobre esta antigua forma de expresarse.

Actualmente, el tatuaje está adquiriendo cada vez mas fuerza y notoriedad. Hoy en día es más aceptado que nunca. Todo el mundo busca a los mejores tatuadores.

Este aumento en la popularidad ha colocado a los tatuadores en la categoría de “artistas“, sin ningún tipo de matiz.

El tatuador ha ganado un respeto que no se veía desde hace más de 100 años. Los artistas actuales combinan la tradición del tatuaje con su estilo personal, creando un arte corporal único.

 

La historia continua…

Como hemos visto la historia de los tatuajes es increíblemente extensa, y se remonta prácticamente a los orígenes del ser humano.

Existen tantísimas posibilidades, que actualmente lo más difícil es decidir cuál nos iría bien. Por encima de todo estamos hablando de una expresión de quién es uno mismo, o de lo que quiere aparentar que es, y no es una decisión que se deba tomar a la ligera.

O como decían los antiguos marineros a bordo del barco de Cook “en cierto modo todo ser humano está marcado de alguna forma por las diferentes circustancias de su vida”.

Quizás estas circunstancias de tu vida te sugieran hacerte un símbolo de herencia cultural, de espiritualidad, o de energía sexual.

Tal vez un desafío vanguardista, algo más minimalista, moderno o simbólico.

Puede que el recuerdo de un gran logro, una victoria, o incluso otra idea absolutamente subrealista, aunque con un significado único para ti.

Lo que es cierto, es que la costumbre de tatuarse se está haciendo cada vez más popular, y aún estás a tiempo de formar parte de la siguiente maravillosa historia por escribir. 

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